sábado, 7 de octubre de 2017

alicia y el taxista


CREDITOS: Hector Ismael Santizo Santizo

esta es una historia de mi bella Guatemala si hay alguna similar en otro pais me gustaria conocerla espero les guste
Siendo una noche como todas, pero en especial, ésta era una noche un poco más fría, más obscura, cerca de la 1 de la madrugada, un taxista regresaba a su casa después de todo un día de arduo trabajo, en la calle ya no había ni alma de gente, pero al pasar frente al cementerio general de la ciudad se percató que una chica le hacía la parada, éste se siguió pensando que ya estaba muy cansado y que era muy tarde para hacer otra dejada.
Sin embargo reflexionó y pensando en su sobrina de 17 años que fué violada y asesinada 3 años atrás, dijo, “pobre chica, no la puedo dejar ahí expuesta a no se qué miserable”.
Retrocedió su taxi y llegó hasta ella, tenía aproximadamente entre 18 – 19 años. Al contemplar su rostro, el taxista sintió un frío intenso y cierto sobresalto, al que no le dió importancia, pues la niña era dueña de un rostro angelical, inspiraba pureza, de piel blanca, muy blanca, cabello sumamente largo, era delgada, facciones finas, con unos ojos grandes, azules, pero infinitamente tristes, tenía un vestido blanco, de encaje, y en su cuello colgaba un relicario bellísimo de oro, que se veía de época.
El taxista acongojado le preguntó adónde la dejaba, y le dijo que quería que la llevara a visitar 7 iglesias de la ciudad, las que él quisiera, su voz era suave, muy triste, pero dejaba notar un timbre muy extraño, que le dejó una sensación de miedo y misterio.
Para no hacerla larga, el taxista la llevó a cada una de las siete iglesias sin replicar, en cada una pasaba cerca de 3 minutos y salía con una expresión de serenidad, de tranquilidad, pero sin abandonar de sus ojos esa mirada de infinita tristeza.
Al final del paseo, ella le pidió un favor. “Discúlpeme si he abusado mucho de su bondad, mi nombre es Alicia, no tengo dinero para pagarle ahora, sin embargo le dejaré éste relicario, y podría hacerme un último favor? Vaya a la colonia vistermosa ahí vive mi padre, entréguele mi relicario y pídale que le pague su servicio, ah, y dígale que lo quiero y que no se olvide de mí. Déjeme donde me recogió por favor.”
El taxista se sintió como en un trance, en donde actuaba automáticamente a la petición de la chica, y la dejó ahí, frente al cementerio. El hombre se fue a su casa, se sentía mareado, le dolía intensamente la cabeza, y su cuerpo le ardía por la fiebre que empezaba a tener, su esposa lo atendió de ese repentino mal, duró así casi 3 días.
Cuando al fín pudo reaccionar y se sintió mejor, recordó su última noche en el taxi, recordó a la niña angelical de las iglesias, y recordó su última petición, que le hizo sentir un escalofrío intenso que hizo que se simbrara de pies a cabeza, aunque él no comprendía nada, pensó “que raro fue todo, seguro se fue de su casa, o tiene problemas, pero, ¿por qué en el cementerio? ¿quién era?, ¡¡El relicario!!”, sí ahí estaba, sobre su mesita de cama, el relicario de Alicia, que ahora tenía restos de tierra.
Se paró como un resorte, tomó su taxi y fue a la dirección que le diera la chica, pero no con la intención de cobrar, sino de descubrir, conocer, aclarar la verdad detrás de ese misterio que le inquietaba, que le estremecía, que no quería ni pensar.
Tocó, era una casa grande, estilo colonial, vieja, entonces abrió un hombre, de edad avanzada, alto, de aspecto extranjero, con unos ojos, si los ojos de Alicia, así de tristes. El taxista le dijo “Disculpe señor, vengo de parte de su hija Alicia, ella solicitó mis servicios, me pidió que la llevara a visitar siete iglesias, así lo hice y me dejó su relicario como penda para que usted me pagara”. El hombre al ver la joya rompió en llanto incontrolable, hizo pasar al taxista y le mostró un retrato, el de Alicia, idéntica a la de hace 3 noches.
¿Es ella mi Alicia?, le dijo el hombre, “Sí ella, con ese mismo vestido”.
“No puede ser, hace tres noches cumplió 7 años de muerta, murió en un accidente automovilístico, y este relicario que le dió fue enterrado con ella, y ese mismo vestido, su favorito… hija, perdón, debí hacerte una misa, debí haberme acordado de tí, debí….”
El hombre lloró como un niño, lloró y lloró, el taxista estaba pálido, pasmado de la impresión,”había convivido con una muerta” eso lo explicaba todo.
Volviendo de su estupor, le dijo al padre de Alicia, “señor, yo la ví, yo hablé y conviví con ella, me dijo que lo amaba, que lo amaba mucho, y que no se volviera a olvidar de ella, creo que eso le dolió mucho”.
Se dice que el padre de Alicia recompensó al taxista, le regaló toda una flotilla de taxis para que iniciara un negocio, todo en agradecimiento por haber ayudado a su niña adorada a visitar las iglesias en su aniversario fúnebre.

Yo también sentí lo mismo que tu anoche



CREDITOS: Hügö Pereyra

Una mañana un joven recibió una llamada de su ex-novia, en la
cual le decía…“Yo también sentí lo mismo que tu anoche…Te espero
dentro de una hora en el parque, junto al pequeño muelle del
lago.”El puso el teléfono en su lugar y su impresión fue un poco
aterradora, ya que undía antes había soñado a su ex novia, con
la cual había quedado en malos términos y por rencores y orgullos
ambos perdieron la comunicación de pareja y amistad.Tomó una
ducha, se arregló y pensó en decirles a sus amigos que ella le había
llamado, pero prefirió dejarlo en privacidad…Total, era el momento
para que ambos volvieran a cruzar palabras, ya que el orgullo no
debe ser eterno, ni mucho menos un castigo en juicio….El joven se
dirigió al parque, se acercó al pequeño muelle y se sentó,
observando y pensando que iba a pasar, qué le diría su ex novia? De
qué iba hablar?Miraba a la gente pasar y entre esa gente la vio, su
ex novia se acercaba a él de forma misteriosa… la vio extraña,
vestía totalmente diferente! No vestía sus ropas frecuentes, ahora
vestía un vestido blanco, que hacía ver en su rostro una extraña
palidez. Su mirada reflejaba una paz inmensa, lucía tan hermosa.
Era como si destellara rayos de luz……Vestía unos zapatos
impecablemente limpios del mismo color del vestido…. El intentó
decirle hola pero ella le dijo…- “Caminemos….”Ella comenzó la
conversación….- “He sabido que has estado triste y que has tenido
muchos problemas…. Te he soñado llorando… te he escuchado
gritar afuera de mi casa… Y no me acercaba a ti, debido a
las circunstancias,debido a tontos orgullos. Yo sé que tú no
querías saber nada de mí… Y no te culpo… Ambos nos lastimamos
demasiado, nos hicimos mucho daño y logramos alejarnos…. No
vengo a discutir… No vengo a pedirte perdón…. Solo he venido a
decirte que aunque las cosas no se arreglaron en su debido
momento… Yo creo que nunca es tarde…….Sabes? Esperé a que tú me
llamaras, para poder hablar… Pero tu llamada nunca llegó….El
esperarte… el pensar en ti… Borró mi apetito… Robó mis días de
sol… y me fue venciendo poco a poco…. Sin embargo guarde Fe… y
dije ‘él llamará’…. Más nunca lo hiciste….No te culpo pero sí te
comprendo…. Sé lo que sentiste anoche… sé lo que te pasó, yo
también lo sentía en ese momento, pero con mucho más dolor… Grité
tu nombre mil veces… y grité mil veces perdón. Qué lástima que no
me hayas escuchado… Qué lástima que no me hayas llamado… Pero,
¿sabes amor? Creo que nunca es tarde para perdonar y si te pedí
que vinieras al parque fue para entregarte esto…. Ella le entregó
en sus manos una cruz, la cual era símbolo del amor de los dos…
Esta cruz es mi cuerpo… Esta cruz es quien soy… Te amo y quiero
que la conserves contigo por el resto de tu vida….”El se quedó sin
palabras mientras gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas….
La gente lo miraba y lo señalaban…. Alguien le preguntó:- “Joven:
está usted bien?”Y él respondió:- “Sí, ¿por qué?”- “Lo veo caminar
y lo veo llorar… Le sucede algo?….”- “Nada, gracias, simplemente
estoy conversando con ella…”La persona que preguntó se retiró
extrañadadel lugar…El acompañó hasta su casa a su ex novia, ella
le pidió que por favor la esperara afuera y él accedió… Ella nunca
lo hacía esperar en el patio… Se quedó 10 minutos esperando… y no
regresaba. De pronto escuchó voces y vió salir de la casa al papá
de ella, con cara triste y ojos llorosos… Lo abrazó y le dijo:- “Se
nos fue, se nos fue…….”Una extraña sensación recorrió todo su
cuerpo y entró corriendo a la casa, entró a la recamara de su ex
novia… En ella se encontraba la mamá de ella… abrazada del
cadáver de la chica, el cual reflejaba en su rostro una profunda
tristeza.El joven, con llanto y un nudo en la garganta, le
preguntó a la Señora:- “Qué sucedió? Dígame que sucedió…”- “Dice
el doctor que murió de tristeza… Ella dejó de comer… dejó de
reír….No sabemos si el desamor la alejó de todo… No sabemos si el
sentimiento de culpa la hizo infeliz… Te ha dejado esta carta…”El
comenzó a leer….“Sabes amor? Yo también sentí lo mismo que tú….
El aire empieza a faltarme, Intento gritar pero no puedo, luces
blancas iluminan mi habitación…me voy para siempre amor….Gracias
por haber ido al Lago… gracias por estar aquí… Aunque en vida no
me pudiste perdonar… Sé que ahora lo harás frente a mi…..”El miró
el cadáver…Y sólo dijo:- “Perdóname tú a mí……”En el amor, en la
amistad…en la familia… no dejemos entrar sentimientos mezquinos
en nuestro corazón, como lo son el rencor, el odio, el orgullo, la
ira, etc….Aprendamos a perdonar y a pedir perdón No dejemos que
mañana sea demasiado tarde…Mírense a los ojos… y sientan lo
bello que es “vivir y perdonar”

LA MADRE SÓLO INTENTABA PEGARLE LA CABEZA AL CUERPO DE SU HIJO...



CREDITOS:
German Rodriguez

Esta historia nos la cuenta el paramédico Rubén Rodríguez, quien tiene muchas para contar, sin embargo, ésta en particular le partió el corazón. Aquella madrugada todo estaba tranquilo en la estación, pero desafortunadamente todo lo cambió una alerta, donde se reportó un horrible accidente.
Cuando el servicio médico llegó, habían dos vehículos afectados; uno estaba completamente al revés, mientras que el otro sólo se estrelló contra un árbol. Cuando el paramédico se acercó al vehículo estrellado sólo observó a un hombre cubierto de sangre, estaba inconsciente pero aún con vida, los demás ayudaron a sacarlo.
Pero Rubén fue al otro coche y la escena que vio le robó hasta las lágrimas, ahí estaba una madre joven; Viviana, tenía heridas graves en las piernas, pero, se encontraba de pie, su llanto era suave y parecía perdida, con toda la tranquilidad del mundo tenía en brazos a su bebé, de apenas 9 meses, durante el impacto su cabecita salió volando, en su desesperación la madre sostenía fuertemente al infante e intentaba pegarle la cabeza como si fuera un muñeco, sabía que estaba muerto, pero ella no lo iba a aceptar, ¿Cómo asimilar que apenas hace unos momentos venía balbuceando en su sillita y ahora ya ni respira?. "Ni siquiera pude acercarme, sabía que esa madre no necesitaba estar gritando para darme cuenta que el dolor la desgarraba", dijo Rubén. El bebé estaba muerto y era necesario llevarse el cuerpo, pero... ¿Cómo haces para arrancarle un bebé a su madre?. La joven comenzó a cantar una linda canción de cuna mientras se mecía de un lado a otro, como si de esta forma le estuviera diciendo adiós.
Enseguida se dieron cuenta que una pequeña se encontraba a 8 metros, 6 años solamente, tendida en el piso, quedó en posición de ángel con sus manitas y brazos extendidos, pronto el equipo intentó revivirla, se intentó de todo. “Hice todo lo que pude para salvarla, la medicamos, choques eléctricos y la intubación pero nada funcionó” explicó Rubén.
Estos padres acababan de perder lo más valioso de sus vidas, todo porque el otro conductor se pasó el semáforo. Aquel hombre que se estrelló en el árbol resulto con un pequeño raspón en la frente y ni siquiera sentía el dolor, pues en ese momento se encontraba bajo los efectos del alcohol es más cuando lo sacaron del coche ni era capaz de mantener el equilibrio, 100 km/h fue la velocidad que arruinó esta familia en un segundo
¿Qué pasará cuando éste hombre recupere el sentido?. No importa lo que haga, da igual cuánto le duela haber matado a dos pequeños, porque ni todo su dolor podrá devolver a los pequeños, esos padres no volverán a ser los mismos, ¿Cómo harías para regresar a casa y no sufrir? ¿Quién despertará a esa madre en las noches? ¿A qué niñita que se cree grande regañará por jugar con sus cosas? ¿Cómo hará para ver a su marido a los ojos y no recordar a sus hijos en cada segundo?
Este paramédico sólo quiere decirle a todas esas personas irresponsables que piensan que no va pasar nada, que lamentablemente sí pasa, y puedes llevarte la vida de inocentes que esa noche simplemente tenían que amanecer en su cama y no en el cementerio.

INOCENTE AMOR...



CREDITOS A :
Yolanda Gómez

La primera vez que la vio fue tan mágico que cayo rendido a sus pies, era muy hermosa, de piel clara, pelo castaño ojos marrón, era todo un agasajo a la vista de los que la han visto eventualmente, por la simple y sencilla razón de que era muy raro verla deambular por las calles y además sola.
Nadie en la pequeña comunidad la conocía, pero eso a él no le importaba solo quería conocerla y saber más de ella como se llamaba, donde vivía donde estudiaba, cosas de adolescentes y una tarde que volvió a verla.
Damian la siguió en secreto para conocer más de ella, después de un rato de andarla siguiendo, la joven se quedó parada como en trance por unos segundos y después, volteo para mirar fijamente a los ojos a Damián, el en ese momento no supo que hacer, pues ella ya se había dado cuenta de que la venia siguiendo calles atrás, se puso algo nervioso y corto camino por otras calles, así paso una y otra vez en las semanas siguientes, pero lo raro era que cada vez ella lo dejaba acercarse más y más hasta que.
-Hola! Amiga cómo te llamas?
-Hola! Lilit, y tu?
-Soy Damian...
- Encantada de conocerte!
-Oye no te molesta si te acompaño a tu casa,
-Pues…! Está bien de cualquier forma siempre que me ves, me vienes siguiendo..
-No era mi intención hacerte sentir incomoda discúlpame.
-No te preocupes
Así comenzó una amistad con lazos muy fuertes los cuales después de un tiempo, se convirtieron en otra cosa, y decidieron vivir juntos sin ninguna preocupación, pero a pesar de todo ese tiempo que pasaron juntos Damián nunca había entrado a la casa de Lilit, la primera vez que lo hizo fue algo perturbador, pues él se imaginaba algo más humilde, pero no era así la pequeña casa era de lo más elegante tenía un comedor enorme que apenas si cabía en el lugar el baño contaba con dos diferentes tinas, las recamaras estaban muy bien conservadas de su forma original tenían un estilo rustico, hasta se podía decir que se respiraba en el ambiente a algo viejo de antaño, pero en muy buen estado, Damián quedo impresionado por cómo se encontraba la casa por dentro.
El motivo era que la casa por fuera lucia muy descuidada y maltratada, por eso no lo podía creer, sus primeros meses fueron estupendos, todo era felicidad, entonces la gente que conocía a Damian se les hacía extraño verlo entrar en esa casa tan horrible, y de repente, su comportamiento fue cambiando tan repentinamente, pues él se desvivía por Lilit, le cumplía todos sus caprichos y sus gustos, a tal grado que en cierta ocasión le hizo un encargo un tanto raro para él, pero no le dio importancia el solo quería complacerla de una y mil formas.
Pero así como lo que bien empieza también acaba, Lilit se había hecho muy ermitaña ya no salía para nada de la casa, Damián le rogaba hasta para ir a dar un pequeño paseo por la pequeña comunidad ella se negaba rotundamente la gente que pasa por el lugar veían como enloquecía de rabia Damián, pero sin saber por qué y rápidamente huían del lugar, esa situación ya era demasiado pues eran puras peleas constantes entre los dos.
sus padres lo buscaban a Damian por todos lados porque hacia tiempó que no sabian nada de el y era raro porque el era un muchacho muy bien portado y responsable con sus tareas y en el hogar, hasta que un buen dia llegaron a rumores que se encontraba en la vieja casa de la comunidad, y sin pensarlo..
Era una maña fría de invierno se dirigieron al lugar, ya estando fuera de la casa entraron a la fuerza para ver horrorizados a su querido Damián durmiendo en el suelo y abrazado a una sábana, olorosa y sucia, él se negaba a dejar ese lugar pero sus padres ya iban preparados con más gente para retirarlo, al estar ya en casa lo bañaron y lo alimentaron para después comenzar con las preguntas.
En que estabas pensando Damián, al estar viviendo en esas condiciones tan precarias si aquí tienes tu casa…
Pero mama no es cierto estoy viviendo bien con mi amada Lilit, en su casa y ella es muy buena conmigo y además la casa es muy bella por dentro porque me dices eso…
Pero de que estas hablando demian en esa casa no hay nadie, ya hace años que está sola desde antes de que nosotros viniéramos a vivir aquí, la casa siempre ha estado abandonada…
-No eso es mentira! Yo soy muy feliz con Lilit, entiendan por favor…
-Cual Lilit? hijo ahí no hay nadie..
-Lilit es mi novia y ya tengo tiempo viviendo con ella…
-No hijo, estuviste perdido unas semanas hasta que un vecino te vio gritando cosas dentro de esa casa por eso te encontramos, pero ahí no había nadie más que tu…
Damián en ese momento comienza a recordar algo de lo sucedido, pues el primer día que vio a Lilit y la siguió, al tomar otro camino resbalo y se dio un fuerte golpe en la cabeza, y todo aturdido siguió a esta mujer, y después el despertó dentro de esa casa, y por las noches el salía para llevarse algunas de sus cosas a esa casa, sin que sus padres supieran algo de él.
Pero y Lilit.?., y la casa tan hermosa?., que había pasado con ellas..?
Esa misma tarde regreso a esa misteriosa casa, al entrar no creía lo que estaba viendo pues estaba completamente deteriorada, las paredes estaban llenas de humedad, todas verdosas y negras, las recamaras eran un nido de ratas y bichos rastreros, el comedor estaba infestado de hormigas, grillos y polillas y en la sala donde paso tantos momentos mágicos encontró algunas de sus cosas tiradas, y deterioradas también y debajo de ellas un cuadro de ella con su familia pero esa imagen se veía completamente antigua y detrás del marco una fecha 27 de septiembre de 1514...

El Plomero



creditos a:
Dannyel Paxton Pavon

Luego de recibir el misterioso llamado, Rubén Britos, de profesión plomero, se dirigió de inmediato a la dirección facilitada por su cliente. Eran tiempos malos, y Rubén tenía poco trabajo, por lo que estaba dispuesto a realizar la tarea a cambio de poco dinero. Debían ser las seis o siete de la tarde y ya había comenzado a oscurecer. El hombre golpeó la puerta de la casa y al rato salió a atenderlo una mujer de unos setenta años, con el cabello recogido en un pulcro rodete. La señora lo hizo pasar a un living repleto de fotografías viejas, casi todas de un deprimente color sepia, y lo invitó con una taza de café, que el plomero rechazó gentilmente. Luego de las presentaciones de rigor, el hombre le preguntó cuál era el problema que la aquejaba. A lo que la mujer, sin perder la compostura, respondió lo siguiente:
-Señor Rubén, quiero que me diga que estoy loca.
El plomero pestañeó estúpidamente, mirando con creciente sorpresa a la mujer.
-¿Perdón?- dijo.
-Pues eso: que quiero que me confirme que estoy loca, que todo esto que estoy viviendo es cosa de mi mente enferma- repitió la mujer, jugando nerviosamente con el dobladillo de su vestido-. Verá, le contaré. Esto comenzó hace ocho días atrás, mientras una noche me cepillaba los dientes frente al espejo. En ese momento yo pensaba, mejor dicho, intuía, que algo estaba por suceder. ¿Nunca le ocurrió algo así, señor Rubén?- no esperó que el azorado hombre respondiera, de hecho siguió hablando sin pausa alguna-. Escuché los primeros ruidos segundos después, al agacharme para escupir la pasta dental. Provenían desde lo profundo de las tuberías, y despertaban ecos cavernosos, como si éstas tuvieran kilómetros de longitud y se perdieran en el centro mismo de la Tierra. Yo me eché hacia atrás, sobresaltada, y sin querer me tragué la pasta dental. Un escalofrío me recorrió de punta a punta el cuerpo y abandoné el baño de inmediato. Y esa noche… -la mujer bajó los ojos, avergonzada-. Esa noche tuve que hacer mis necesidades en el patio trasero.
Rubén, que escuchaba atentamente el relato de la mujer, de repente sintió la necesidad de mirar hacia atrás. “Hay algo aquí que no está bien”, pensó. Pese a que estaba acostumbrado a toda clase de delirantes parloteos por parte de sus clientes, aquello era bien extraño. No obstante, luego de asegurarse de que no había nada peligroso en la habitación, alentó a que la mujer siguiera con el relato, porque después de todo él se dedicaba a arreglar tuberías, y muchas veces el parloteo estúpido de sus clientes venía en el combo.
-¿Y cómo eran esos ruidos, señora?- preguntó, alzando una ceja-. Tal vez se trataba de alguna rata…
-No eran ratas- dijo la mujer de inmediato, clavándole una mirada vidriosa, que hizo que el plomero se sintiera más inquieto aún-. Eran voces. Y risas. O quizás gritos. Sentí que alguien, una voz rasposa y cargada de enojo, me llamaba por mi nombre. Y luego alguien, un niño, volvió a gritar. Al principio me pareció una voz conocida, y al rato supe por qué. Era la voz de mi nieta, que desapareció en un bosque cuando tenía ocho años. Gritaba y reía al mismo tiempo. Quería que fuera con ella. Dijo…
La voz de la mujer se quebró. Rubén aguardó sin decir nada, consciente de que aquél era un momento delicado. Mientras la mujer se enjugaba las lágrimas con la falda de su vestido, el plomero, siguiendo un irrefrenable impulso, volvió a mirar hacia atrás, pero no vio nada fuera de lo común, excepto quizás esas horribles fotos antiguas, que parecían robadas de las lápidas de un cementerio.
-Mi nieta… mi nieta dijo que sufría mucho, porque estaba en el Infierno- siguió la mujer, luego de un breve e incómodo silencio-. La siguiente vez que escuché los ruidos, fue hace tres días atrás, mientras miraba televisión en la cama. Esta vez nadie dijo nada, sólo se escuchó un grito interminable, terrible, que llenó toda la casa y me dejó paralizada de miedo. Parecía que cientos, miles de personas gritaban a la vez. O tal vez reían. No lo sé. La tercera y última vez fue ayer a la noche. Yo había cerrado la puerta del baño, de hecho hace una semana que no entro ahí y hago mis necesidades en una bacinilla, pero los sonidos de las tuberías se escuchan igual. Y ahora me habló una voz nueva, una voz gruesa y potente y odiosa, que yo supe enseguida era la voz del Demonio.
-Jesús, señora- dijo Rubén, sin poder evitarlo.
-Prometió venir por mí esta noche- una lágrima de miedo, única y brillante, corrió por las arrugadas mejillas de la mujer-. Y yo tengo tanto miedo, y estoy tan sola y cansada…
-No sé qué es lo que quiere que yo haga, señora- dijo Rubén, apiadándose un poco de la mujer-. Yo sólo soy un plomero. Este tipo de cosas debe consultarlas con otra persona… quizás un cura, o algo así.
-Quiero que revise esa tubería. Por favor- suplicó la mujer-. Le pagaré el doble. No tengo mucho dinero, pero puedo hacer ese esfuerzo. Quiero que me diga que no hay nada allí abajo. Que simplemente estoy loca. Sería un alivio para mí. Prefiero estar loca antes que todo sea real. Porque si fuera así… el dueño de esa voz también lo será…
Rubén sentía mucha inquietud, era un hombre profundamente religioso, y sabía que lo que contaba la mujer podía tratarse de algo demoníaco, pero no pensaba reconocer su debilidad delante de una dama. Era un hombre chapado a la antigua y tampoco creía correcto marcharse del lugar y dejar desvalida a una mujer, por más que, efectivamente, aparentase estar más loca que una cabra. Así que recogió su caja de herramientas, abrió la puerta del baño (de inmediato un olor repugnante invadió sus fosas nasales) y se metió en el lugar.
Y apenas dio dos pasos hacia el interior, escuchó que la puerta a sus espaldas se cerraba.
Rubén primero permaneció quieto, sin saber si la puerta se había cerrado por alguna brisa o qué diablos. Recién cuando tiró del picaporte, y éste presentó su resistencia de acero, tuvo que reconocer que estaba encerrado en forma premeditada.
-Señora, ¿qué está haciendo?- dijo, sacudiendo todavía el picaporte-. Abra de inmediato.
-¡Ahora!- comenzó a chillar la mujer desde el otro lado de la puerta, con una voz horrible de pájaro-. ¡Es ahora, mi Señor de la Oscuridad! ¡Te he traído al siervo que te prometí! ¡Haz un festín con su carne corrompida, y devuélveme a mi querida nieta, que tan injustamente me has arrebatado!
-Señora… abra de inmediato. Deje de decir estupideces…
-Es la Hora, Señor de lo Oscuro- ahora la voz de la anciana había cambiado, parecía más bien un susurro-. Es la hora de reclamar tu ofrenda. Yo te invoco. Te invoco en nombre de la Sangre y el Cordero. Te invoco en nombre de los cien…
El plomero tomó carrera y arremetió contra la puerta. Era un hombre fornido, casi gordo, y sus ciento cinco kilogramos de peso astillaron la madera y de repente la fuerza que retenía la puerta cedió. Rubén asomó la cabeza justo a tiempo para ver cómo la mujer salía despedida hacia atrás, para luego caer de espaldas sobre los duros mosaicos del suelo.
-¡¡NOOOOOOoooooo!!- gritó con desesperación la señora.
-Maldita loca…
Salió del baño y pasó por encima de la mujer, sin preocuparse en verificar si estaba bien o no. Sólo quería marcharse de allí, porque era evidente que algo en aquella casa estaba mal. Hizo dos o tres pasos en dirección a la puerta, y cuando estaba llegando a la pared con aquellas inquietantes fotografías sepias, escuchó, para su infinito asombro, que una voz a sus espaldas, una voz cavernosa y maligna, lo llamaba por su nombre:
-Rubén…
El plomero se detuvo y miró hacia atrás. Sintió que, pese al miedo, no tenía otra alternativa. A través de la puerta abierta del baño, vio que algo estaba saliendo desde el agujero del lavamanos. Parecía un tentáculo viscoso, con el extremo rematado en una larga uña negra, que rascaba la porcelana blanca del lavatorio. De todas maneras nunca estuvo seguro de lo que vio, porque en ese momento sintió un dolor agudo en el tobillo derecho, que hizo que saltara de la sorpresa. Miró hacia abajo. La mujer se había arrastrado hacia él y le mordía, a través de la gruesa tela de sus pantalones de trabajo, la pierna derecha. Tenía los ojos desorbitados y de su boca manaba una increíble y repugnante cantidad de saliva de color amarronada. Al parecer se había quebrado la columna al caer, porque su torso mostraba una posición antinatural, por lo que se movía y reptaba como una serpiente enloquecida. Rubén trató de desprenderse de la mordida, pero la mujer le había clavado muy profundo sus dientes amarillentos, y cualquier movimiento le arrancaba horribles destellos de dolor. Mientras se debatía aullando de miedo y rabia, descubrió que aún sostenía la pesada caja de herramientas en una de sus manos. Sin pensarlo dos veces, estrelló la caja de metal contra la cabeza de la mujer. El ruido que se produjo fue estremecedor, fue como un chasquido repugnante de metal y hueso, y supo en ese instante que jamás lo olvidaría. La señora de inmediato aflojó la mordida y quedó inmóvil sobre el piso. Rubén abandonó renqueante la casa, sin mirar atrás, balanceando la caja de herramientas -que ahora tenía un abollón horrible en uno de los laterales de chapa. Se metió en la camioneta y regresó a toda prisa a la ciudad. En el camino se detuvo para arrojar la caja al río: estaba seguro que había matado a la mujer, y no quería tener consigo la prueba del delito.
Al llegar a su casa se limpió, con manos temblorosas, la herida de la pierna. Era profunda y se veía muy mal. Le echó un frasco entero de alcohol medicinal y luego la cubrió con una venda. Hizo todo esto en el baño, echando nerviosas miradas hacia el sumidero. Pensaba que si escuchaba algo raro se pondría a gritar hasta quedar ronco. Pero no sucedió nada, aunque durmió en el sillón del living, que era el cuarto de la casa más alejado del baño.
Durmió, extrañamente, toda la noche, casi sin soñar. Y recién se despertó a las seis de la mañana, cuando alguien comenzó a aporrear la puerta con terrible violencia.
Saltó del sillón y se acercó a la mirilla de la puerta. Vio, con creciente miedo, que eran policías. ¡Ya sabían todo! Durante un instante de vértigo pensó en huir, pero luego desechó la idea. Sería inútil. Así que, casi resignado, abrió la puerta.
-¿El señor Rubén Britos?- preguntó uno de los policías.
-S-soy yo- tartamudeó el plomero.
-Venimos por una denuncia de la señora. Dice que en el día de ayer, ella le pagó una suma de dinero para realizar un trabajo, que usted nunca cumplió.
-¿La señora? ¿Qué señ…
Y entonces, para su desasosiego, la vio. Venía detrás de los policías, apoyada en un bastón de fina madera. Imposiblemente, increíblemente, parecía en perfectas condiciones de salud, como si en vez de sufrir un ataque con una caja que pesaba veinte kilos, volviera de un spa para ancianos.
-Yo… -dijo Rubén, confundido. Volvió a observar a la mujer, incrédulo. Ni siquiera evidenciaba un golpe en la cabeza, cosa que por supuesto era imposible, dado que aún resonaba en su mente el sonido tétrico de la caja metálica al quebrar el hueso del cráneo. ¿Y qué diablos era eso de que le había pagado una suma de dinero? Si nunca le había pagado nada… Aunque supo que ése era el menor de los problemas que se le podía presentar-. Yo… creo que hubo una confusión. Pido disculpas por lo sucedido, y prometo devolver el dinero… que la mujer me pagó. No recuerdo la cifra, pero…
-Eran ocho mil quinientos pesos- dijo la señora de inmediato, sin dejar de mirarlo de esa manera tan inquietante.
Rubén enrojeció. Esa cantidad de dinero era lo que él ganaba con un mes de duro trabajo. Comenzó a protestar, pero calló cuando la mujer agregó:
-Aunque se lo dejaré en ocho mil. Me considero una persona bondadosa, y sé que usted perdió algo fundamental para el oficio de plomero: su caja de herramientas- sus ojos, de un azul desteñido, por momento se volvieron burlones. O tal vez era imaginación del plomero-. No pienso aprovecharme de su situación, señor Britos. No soy de esas personas. Sólo quiero que me devuelva algo de mi dinero, y todos quedamos en paz.
-Vamos, amigo, ya escuchó a la señora- intervino el policía, mirándolo con desprecio-. Le está haciendo un descuento por su caja, ¿qué más quiere?
Así que fue a buscar el dinero. Sabía que pasaría por apuros económicos el resto del mes. Pero, visto y considerando que minutos atrás se había imaginado detrás de las rejas, el precio a pagar le parecía toda una ganga.
Regresó con el dinero y se lo dio a la anciana, que luego de meterse el fajo en el corpiño, miró a los policías:
-¿Me permiten un momento con el joven?
-¿Segura, señora?
-Sí, por favor.
Una vez que los policías se retiraron, la anciana se acercó unos pasos al plomero. El hombre retrocedió, con el corazón latiéndole a mil por hora. “¿Y ahora qué quiere?”, pensaba.
-Con respecto a lo de ayer…
-¿Lo de ayer, señora?
-No te hagas el estúpido- la mujer miró hacia atrás, para ver si los policías se encontraban lo suficientemente lejos como para escucharla-. No fue nada personal. Lo lamento.
-No, claro. Sólo trató de encerrarme en el baño con… con esa cosa… y ofrecerme en un maldito sacrificio… ¿Qué es usted, una bruja?
-Algo así. Pero sólo trato de recuperar a mi nieta. Hice un pacto y debo cumplir mi parte. Es todo- volvió a mirar hacia atrás, y luego sacó unos billetes de su corpiño-. Tome. Le devuelvo parte de su dinero. Pero quiero que me haga un favor.
-No quiero el dinero. Sólo quiero que se vaya.
Y era verdad. Rubén sólo podía pensar: “estoy hablando con una mujer que debería estar muerta”.
-Quiero que envíe a uno de sus colegas a mi casa- dijo la mujer, clavándole sus ojos de águila-. Necesito la carne para el sacrificio, ¿entiende? Y prometo que todo quedará olvidado.
Rubén dijo que no, que todo aquello era una locura, que no quería involucrarse en brujerías así. Y le cerró la puerta en las narices. Pero a la noche, cuando desde el sumidero de su baño escuchó que una voz lo llamaba por su nombre, y luego risas, y luego sollozos de dolor y de locura, y luego la voz inconfundible de su mujer, muerta años atrás, que le decía que iría a buscarlo a la noche, cambió de idea. A primeras horas de la mañana llamó a Antonito, que era su única competencia en el pueblo, y le dijo que por motivos de apretada agenda no podía atender a un cliente, que si no la quería tomar él.
-Claro- dijo Antonito, a quien no le sobraban muchas neuronas. Parecía sorprendido y agradecido al mismo tiempo-. Muchas gracias, Rubén.
Le pasó la dirección de la anciana, y nadie volvió a saber de Antonito. La anciana apareció muerta al día siguiente, sentada en el inodoro del baño y con heridas horribles en el rostro. La policía valló la casa con una cinta, no sin antes retirar, con absoluto desconcierto, a una joven de unos dieciséis años de su interior, que al parecer era la nieta de la vieja y que se encontraba en la lista de “Niños perdidos” desde hacía por lo menos diez años.
“La dábamos por muerta”, admitió tiempo después el jefe de policía, frente a los numerosos periodistas. “Aún está en estado de shock, y no ha podido decirnos dónde estuvo todo este tiempo…, pero yo creo que se trata de un milagro”.
Mientras el país debatía el caso, Rubén, sin muchos sentimientos de culpa, se aprovechó de su condición de único plomero del lugar, y su situación económica mejoró notablemente. Pero luego, una noche, al escuchar la voz de Antonito llamarlo burlonamente desde el desagüe de la cocina, sin perder un momento se marchó del pueblo, y nunca nadie volvió a saber de él.

martes, 3 de octubre de 2017

LA MONJA


Elena era una chica dedicada a Dios, y muy pronto le daría sus votos como monja- todo parecía que así sería, pero un día cuando regresaba de misa se le había echo tarde por la doctrina que había dado a unos niños, ya estaba oscuro cuando pasó por un callejón que estaba antes de llegar a su casa, de pronto alguien la jalo hacia el callejón- eran 2 tipos mal encarados empezaron a golpearla y a rasgar su hábito ultrajandola vilmente, ella aterrada solo pedía clemencia con lágrimas en sus ojos decía que tuvieran piedad de ella, pero los maleantes se burlaban y seguían con su cruel acto- cuando terminaron con su fechoría no supo más, solo alcanzó a ver un horrible puñal cuando iba directo a su corazón- ahí la dejaron con el cuerpo destrozado muerta a puñaladas y se fueron felices, satisfechos de su vil acto.
Así pasó un tiempo y esos canallas seguían haciendo de las suyas sin que la policía diera con ellos, un día en el mismo callejón ya de noche, tenían a otra chica, sus intenciones eran las mismas que habían echo con la monja, la chica caída en el suelo pedía clemencia aterrada- pero era como si no la escucharan- apunto estaban de cometer su fechoría cuan ella habríò desmesuradamente sus ojos mirando hacia atrás de ellos como si hubiera visto al diablo- les señaló con su mano que miraran hacia atrás- pero no le creían burlándose de ella le decían, nadie te va a salvar no trates de asustarnos- ella se deslizó hacia atrás arrastrándose cómo pudo aterrada de lo que veía- de pronto uno de ellos fue levantado en vilo y arrojado con fuerza 3 metros de la chica, el otro miraba aterrado aquella horrenda aparición- era la monja que ahí mismo habían matado pero ahora muy diferente su aspecto era aterrador, macabro, lleno de odio, sus pies no tocaban el piso, iba lentamente hacia ellos que llenos de pánico temblaban sin poder creer lo que veían, noooo! No puede ser tu estás muerta! Nosotros te matamos! dijo uno de ellos, Jajajaja perros por eso e venido por ustedes su muerte será horrible! Se irán al mismísimo infierno, les contesto el horrendo ser con una voz ronca macabra, quisieron correr pero ella tomó a uno tirándolo al piso, el otro alcanzó a huir despavorido.
Al día siguiente la policía encontró el cadaver de uno de los maleantes sin sus partes y colgado, ahorcado con un cordón de un hábito de monja, con un rictus de terror,
Por la noche el que había escapado- se encontraba muy nervioso ya que miraba las noticias de la horrible muerte de su amigo- y por lo que había visto la noche anterior, aún no entendía lo que había pasado pero tenía miedo, ya no quería ni ir al baño- Estaba aterrado- de pronto la televisión empezó a interferirse parpadeando hasta apagarse por si sola- las luces se apagaron y se empezó a sentir un frío anormal, el ambiente se tornó pesado, se levantó aterrado, tembloroso, sudando frío, la puerta empezó a abrirse lentamente se veía unas manos descarnadas de mujer, y apareció completamente en el umbral, su rostro demoniaco no se parecía a la chica angelical que había sido en vida- le señaló el cordón de su hábito y le dijo, llegó tu hora maldito asesino- morirás como lo que eres, no tendré piedad como ustedes no la tuvieron conmigo, sus piernas parecían de chicle no le respondían, además no había para donde correr- aquel engendro lo tomó con una fuerza increíble y lo azotaba contra el techo y muros de la casa, solo gritaba pidiendo perdón confundiéndose entre las macabras risas del ser infernal quedando destrozado.
Lo encontraron igual que al otro colgado sin lengua ni ojos, la quijada dislocada el cuerpo destrozado y las paredes sangrantes- esa fue la terrible venganza de una chica que quería entregarse a Dios como monja, ahora esos maleantes están en el infierno, y una mujer aterradora baga por las noches.

Macaría la bruja


Dice mi madre que cuando ella llegó al poblado hacia unos cuantos años que no había entrado la luz eléctrica a la población, así que era usual cuando llegaba la noche, la mayor parte de vecinos se encerraban en su casa, pues al no haber luz, no había actividades.
Imagínense cuando obscurecia temprano, no quedaba otra que encerrarte en su hogar a piedra y lodo. Y si querías seguir con alguna actividad, tenia que ser a la luz de la vela o de algún quinque. Ya sea a platicar en familia, ó simplemente a charlar con amigos, o vecinos.
Se decía que que antiguamente en la comunidad se escuchaba mucho hablar de las “brujas”, mujeres dedicadas a realizar el mal, teniendo pacto con el diablo para poder adquirir poderes sobrenaturales como el poder volar, y para hacer esto, tenían que esperar a la media noche y hacer un ritual para poder desprenderse de sus pies desde la planta hasta las rodillas, y así levantar el vuelo.
En las creencias se platicaba que para poder obtener estos poderes sobrenaturales tenían que beber sangre de niños recién nacidos... por eso entre los abuelos y padres protegían a los niños colocando en la entrada de la puerta unas tijeras abiertas, como protección; muchas imágenes de santos o algún crucifico en la cabecera del pequeño; las familias que tenían un niño pequeño no dormían tranquilas, debido a estas historias.
Esta es una de las historia que recuerdo y que se me quedo muy grabada:
Cuenta mi madre que en otra comunidad cercana a la nuestra habían una señora a la que llamaremos Macaria era una mujer recia, fuerte y poco sociable con los vecinos; se decían muchas cosas de ella, como que hacia mal de ojo, que donde pisaba no crecia la hierva, que podía estar en dos lados diferentes, etc. etc.
Casada con alguien que llamaremos Juan, hombre trabajador, honesto y apreciado por la mayoria de la gente. Había un contraste entre Macaria y Juan, la gente no entendía como era posible que Juan se hubiera casado con Macaria, siendo tan diferentes, lo que la gente no sabía era que Macaria había sido muy hermosa de Joven pero al paso del tiempo había cambiado mucho.
A pesar de esto Juan quería a la Macaria, el sabia desde hacia algunos años que había cambiado su caracter, se había vuelto agrio y hasta hostil y no entendía el porque. A Juan le habían llegado rumores de que Macaria andaba en malos pasos, que la habían visto salir por las noches y desaparecer en la obscuridad. Para Juan estos solo eran chismes, pues sabia como se las gastaban las vecinas, así que nunca dio importancia a estos rumores.
Juan tenia un amigo inseparable que llamaremo Mateo, el cual apreciaba mucho. Los dos trabajaban en el mismo rancho, un día que regresaban del trabajo Mateo le comentó lo siguiente:
-Oye Juan... hay algo que tengo que decirte.
- Si, dime
- No se como lo vayas a tomar, pero esto me lo dijo la pancha, mi vieja y posss.
- De que se trata hombre, que me pones nervioso con tus misterios.
- Es algo grave, espero no te ofendas... mira la Pancha insiste en que tu mujer es bruja...
- Jajajaja hombre ya me habías asustado con tu misterio,
- Pues ella insiste en que si es...
- Ya lo había escuchado pero no creía que tu también.
- Pues mira, creo que deberías ir lo tomando en serio... possss..
- ¿Qué sucede?, ahora si ya picaste mi curiosidad.
- Post espero no te molestes conmigo, post en verdad te estimo, y post me atrevo a contarte..
- Ya, dime ¿de que se trata?
- Mira, la pancha me había comentado esto desde hace tiempo, yo al igual que tu no le crei...
- Pero insistia tanto... que espiamos a tu mujer..
- ¡Mateo! ¿Cómo es posible?.
- Enojate si, pero ¡¡creeeme!! lo que vi no lo creeras.
- ¿Qué viste Mateo?
- El otro día, la Pancha insistió tanto que para que ya no volviera a molestarme le dí gusto, y espiamos a tu mujer... ella decía que tu mujer era bruja, de esas de las que vuelan, y para poder comprobarlo la espiamos a la media noche... y efectivamente... yo vi salir algo volando de tu casa..no se que fué, pues pasó tan rápido, pero de que era grande y volaba, lo era... yo se que es dificil de creer Juan, pero eres mi amigo y te estimo mucho, pero algo esta pasando en tu casa...
- No puedo creer lo que oigo de ti Mateo, ¿tu también?
- De antemano te pido una disculpa Juan, pero vuelvo a repetirte, que vi algo raro salir de tu casa...pero olvidalo, tal vez tienes razón me dejé llevar pos los nervios y el miedo de la pancha... disculpa si te he molestado.
Juan después de despedirse de Mateo, caminó hacia su casa, meditando lo comentado por Mateo...
...es verdad que la Macaria ha estado muy misteriosa últimamente... la he notado rara pero de eso a que es bruja... pos...
La idea revoloteaba en la cabeza de Juan, y cuando llegó y vió a la Macaria en la cocina de humo sintió cierta desconfianza..
...Caray, creo que me estoy su gestionando con los comentarios del Mateo... se dijo así mismo.
-Como te fué en el trabajo, preguntó Macaria
-Bien, gracias, ya es tarde, vamonos a descansar.
-Ve tu a descansar, yo voy a quedarme aquí, pues puse a cocer el nixtamal para mañana las tortillas y creo que va a tardar, después te alcanzo, dijo Macaria.
-Esta bién, dijo Juan.
Juan se dirigió a su recámara que estaba en el siguiente cuarto, le pareció sospecho que ella decidiera quedarse hasta tarde a cocer el nixtamal.
Apartir de ahi no pudo dormir, pensando en lo ocurrido, ¿será verdad lo que me dijo el Mateo?
Pasaron las horas y Macaria no a parecía, habían pasado ya unas horas y empezó a inquietarse... en eso estaba cuando oyó que entraba a la recamara. Juan decidió hacerse el dormido para ver que pasaba, sintió que Macaria se acerco a el, muy cerca para verificar que estaba dormido. Al percatarse Macaria que estaba profundamente dormido salió nuevamente de la recamara hacia la cocina. Juan entre abrió los ojos y miró a Macaria saliendo... ¿Qué se trae esta entre manos? se preguntaba Juan....
Se levantó sin hacer ruido y la siguió hasta la cocina de humo, adentro se veía el resplandor del fuego, Juan pudo mirar por una rendija que ocurria adentro... la miro frente al fuego, Macaria estaba diciendo algo, frases que Juan no alcanzaba a escuchar... el corazón de Juan empezó a latir mas aprisa... sintió el impulso de entrar y descubrirla para saber que estaba haciendo.. pero fué prudente, tenia que ser paciente hasta el final...
De pronto increiblemente Macaria se agacho y tomando las partes inferiores de sus pies...¡las desprendió! sin mayor esfuerzo... Juan no podía creer lo que estaba viendo, realmente Macaria tenia la capacidad de quitarse los pies...Macaria tomando sus partes inferiores las escondio detrás del metate y encima puso unas mantas para cubrirlas, acto seguido mascullo otras frases y elevandose, salió de la cocina ¡Volando!, a Juan apenas le dio tiempo esconderse detrás de unos costales, para no ser visto.
Macaria sabiendo que Juan se encontraba dormido había recurrido a sus poderes sobrenaturales para salir de su casa en busca de algún pequeño...
Juan seguía mudo ante tal visión... pero dandose valor entró a la cocina de humo y busco lo que Macaria había escondido... su propios pies...
Quito las mantas e hizo a un lado el metate y ahí estaban los pies de su esposa, lo increible es que no sangraban, eran como dos muñones de cuerpo humano... Juan temblando y con el corazón saltando dentro de su pecho los tomó y los hecho al fuego para quemarlos...acto seguido se fué a dormir... a esperar a que Macaria regresa y ver que pasaba.
Eran las 4 de la madrugada cuando Macaria regresó, se dirigió a la cocina de humo a buscar sus extremidades inferiores, pero para su sorpresa no los encontró... se puso como loca a buscarlos y no hallo nada, y lo único que le quedó por hacer fué sentarse en una de las esquinas de la cocina a esperar.
Eran las 6 de la mañana cuando Juan se despertó, y buscando a Macaria no la encontró, así que fué a buscarla a la cocina y la viendola sentada en una esquina le dijo:
- Mujer, que haces ahi sentada, preparame algo de comer que me voy al trabajo (sabiendo que no se levantaria de ahí)
-Macaria no hizo ningún movimiento, seguía agachada, zollosando...
-¿Qué pasa mujer, porque lloras? ¡vamos levantate!
Juan se acerco a ella la tomo de los hombros y al levantarla se dio cuenta que no tenia pies...
-Dios mío, ¿qué es esto?
La noticia corrió como reguero de pólvora por toda la comunidad, la Macaria fue paseada por todo el pueblo para acabar en la plaza y después la quemaron viva...
Esto se contaba allá por los años en que no había luz electrica....

LA CAJITA DE MÚSICA


Gabriela siempre quizo tener un hijo y despues de tantos años de estar unida a su pareja Erick, por fin habia logrado quedar embarazada. Erick no era precisamente el novio o esposo modelo, era un bebedor, mujeriego, que trataba muy mal a Gabriela, hasta habia llegado a golpearla, por suerte para ella, desde lo del embarazo, no habia vuelto a hacerlo, pero su mal trato psicologico no habia cambiado para nada.
Gabriela tenia una cajita de musica, y cada vez que tenia problemas con Erick, se encerraba en su habitacion, le daba vueltas a la manecilla, y una melodia triste pero a la vez hermosa salia de aquella pequeña caja, ella la colocaba cerca de su ya pronunciada barriga, como para que su futuro hijo la escuchara, mientras ella cerraba los ojos e imaginaba estar en cualquier lugar menos cerca de Erick. Una noche, Erick regreso a casa muy borracho, al parecer Gabriela se habia quedado dormida y la cena no estaba lista, Erick enfurecido la fue a buscar a la habitacion, encontrandola dormida en una silla con la cajita en las piernas. Gabriela desperto en un instante al escuchar los gritos enfurecidos de Erick, el cual le arrebato la cajita para destruirla, Gabriela le grito que no lo hiciera, y tuvo una lucha con el, Erick la lanzo al suelo, provocando que Gabriela se golpeara en el estomago, produciendole un aborto. Erick se fue de la casa al instante, y fueron los vecinos quienes la llevaron al hospital.
Unas semanas despues, Erick se habia ido definitivamente de la casa, Gabriela estaba muy deprimida y triste por la perdida de su hijo, casi no comia, y parecia haber perdido motivo para vivir, asi que para sentirse mejor, se sento a escuchar la triste melodia de su cajita musical, y transportarse a otra parte cerrando sus ojos. Solo que esta vez mientras lo hacia, escucho unos pasos que se acercaban a su habitacion, Gabriela reacciono asustada, pensando que tal vez era Erick quien habia regresado, sin embargo al sostener la manecilla para que la caja dejara de sonar, los pasos tambien cesaron de escucharse, tal vez era su imaginacion, pero al continuar con la musica, los pasos continuaron, hasta detenerse justo frente a la entrada de su habitacion. Gabriela abrio los ojos lentamente, y alli frente a ella, habia una persona de baja estatura, tal vez un niño, y no lo podia confirmar, porque estaba cubierto por una sabana, como si se tratara de un niño jugando a ser fantasma. Este niño no se movia, estaba alli parado con su sabana que le cubria de pies a cabeza. La musica de la caja estaba por terminar, Gabriela se acerco al niño para descubrirlo y verle el rostro, pero al finalizar la musica, el niño simplemente desaparecio. Aun asi, algo no estaba bien, la situacion se siguio repitiendo cada dia, pero Gabriela no lograba ver que o quien estaba debajo de la sabana, aunque le aterraba, en el fondo ella sentia que tal vez era aquel niño en su vientre que nunca pudo nacer.
Una mañana mientras Gabriela no estaba en casa, su peor pesadilla se hizo realidad, Erick regreso a casa, entrando con su propia llave, pateando las cosas molesto porque ella no estaba.
-Donde estara esta maldita mujer, la esperare aqui en su habitacion, y mejor sera que no demore. Vaya! esta parece ser esa estupida caja de musica que siempre esta escuchando, que musica tendra? Erick en su ignorancia y arrogancia, giro las manecillas para activar la triste melodia de la caja, y claro, los pasos comenzaron a sentirse a medida que la musica avanzaba, Erick tambien penso que era tal vez Gabriela que regresaba, pero el tambien vio a este niño cubierto con la sabana cual fantasma parado alli en la entrada sin moverse, solo parecia mirarlo.
-Pero, quien diablos eres tu chiquillo, como entraste aqui?, sera mejor que te largues antes de que te golpee…
Aun la musica no terminaba, y Erick se avalanzo a quitarle la sabana al niño descubriendolo, no pudo contarle a nadie lo que habia debajo de aqulla sabana de cama, porque los vecinos solo escucharon su grito de terror y muerte, localizaron a Gabriela quien se apresuro a llegar a casa, al entrar estaba todo destrozado y al llegar a su habitacion, alli estaba Erick en el suelo sin vida, pero le faltaban sus ojos, los cuales parecia que el mismo se habia arrancado, para evitar ver el terror que habia debajo de la sabana. La cajita estaba en el suelo, Gabriela la levanto, y al abrirla, esta vez la musica se activo sola, ella no habia girado la manecilla, se escuchaban los pasos que regresaban, Gabriela trataba desesperadamente de hacerla callar, pero era imposible, la tiro contra el piso, pero alli estaba el niño en la entra, ya la estaba mirando, y para terror de ella, la caja seguia produciendo su triste melodia, el niño se acercaba lentamente a Gabriela, quien estaba en el suelo tratando de tapar su rostro con las manos para no ver, el niño fue removiendo la sabana de su cuerpo al sonar de la melodia, se podian ver sus pies, que parecian patas, sus manos que eran como pequeñas garras, Gabriela cerro sus ojos con toda su fuerza para no ver el rostro, pero el niño dijo algo que la hizo abrirlos de golpe.
-Mami, porque no me miras a la cara?
Gabriela levanto su mirada y luego de gritar igual que lo hizo Erick, se empezo a arrancar los ojos con sus dedos, era como si lo que estuviera viendo fuera algo tan terrorifico, que les obligaba a hacerlo. Los vecinos encontraron ambos cadaveres sin ojos, nadie se explicaba que podia haber pasado. Tal vez nunca se trato del hijo que no nacio, tal vez era otra cosa, algo diferente, quiza algo desperto dentro de esa cajita de musica que ahora esta alli, esperando ser recuperada por alguien.

(No lo leas, a menos que quieras ayudar )


Primero, quiero pedirle disculpas a todos los que están leyendo esto. De verdad lo lamento.
Estoy viniendo a ustedes en un momento de necesidad.
Por favor ayúdenme.
Lo único que pido de ustedes es que lean la historia completa, eso es lo único que necesito.
Mi nombre es Andrea, soy una madre soltera y tengo un hijo se llama Jesse. Tiene once años. Jesse comenzó el quinto grado como cualquier otro niño. Él era un chico muy alegre, lleno de vida y con mucha energía. Todo eso cambió cuando conoció a Stan este martes. Stan era un estudiante que había acabado de ingresar al colegio. Se sentaba al lado de Jesse. Cuando fui a recoger a Jesse de la escuela él no paraba de decirme que Stan era su nuevo mejor amigo. No parecía actuar como él mismo. Estaba muy pálido y sudoroso. Le tomé la temperatura, pero no tenía fiebre. Le pregunté cómo le había ido en el colegio, pero lo único que decía era que Stan era su mejor amigo. "Stan es mi nuevo mejor amigo" Decía Jesse. "Lo sé, quisiera conocerlo alguna vez" Le respondía yo.
"Mamá, Stan es genial. Debería presentártelo alguna vez. Es mi mejor amigo. El mejor amigo de todo el mundo entero." Tuvimos esa misma conversación unas cien veces ese mismo día. Cuando acosté a Jesse en su cama, él me miro con lágrimas en los ojos. Puso su mano enfrente de su cara y me señaló con el dedo para que me acercara un poco. Volteé mi cabeza y él me dijo algo en la oreja que me dio un pequeño escalofrío. En ese momento no sabía
porque me dio un escalofrío, pero lo hizo. "Tú me crees. ¿Verdad?" Me susurró. Me levanté de la cama para poder verlo de frente.
"¿Qué si te creo qué, cariño?"
"Stan," Respondió. "Stan es mi mejor amigo." Asentí con la cabeza y le volví a tomar la temperatura. No parecía tener fiebre, de nuevo. Me fui a mi cama, pero en realidad no pude dormir bien esa noche. El miércoles, cuando iba en camino de llevar a Jesse al colegio, se le veía muy extraño, me dijo que no quería ir a la escuela hoy. "¿Te sientes mal?" Le pregunté. "No" me contestó.
Se estaba mordiendo el labio inferior "No. Tengo que ir a clases." Abrió la puerta del auto y se fue directo a la entrada de la escuela. Sin decirme te quiero. Ni siquiera un adiós, nada.
Caminó hacia la entrada del colegio con la cabeza baja. Presioné los frenos y di media vuelta para dirigirme al trabajo. Un niño estaba parado enfrente de mi carro. Dos segundos más y lo hubiera arrollado. El chico era pálido, con un cabello de color amarillo casi blanco y ojos de azul claro. Dio unos golpes en la parte delantera del auto como si fuera una puerta dos veces, me saludó, y subió las escaleras camino a la escuela.
Cuando recogí a Jesse de la escuela ese día, se le veía más animado. Estaba solamente un poco más pálido de lo normal, pero se le veía alegre. Me dijo todo lo que había hecho en la escuela. Me habló sobre dinosaurios, música, matemáticas, y luego me dijo sobre lo que hizo en el receso. "Y después de matemáticas tuvimos receso. Mamá, no creerás lo que hice hoy en el receso"
"Dime" Le dije, sonriéndome a mí misma mientras conducía. Estaba pensando en las cosas que jugaba yo con mis compañeros cuando tenía su edad. Algo clásico, algo normal.
"Me uní a una iglesia" Estaba un poco confundida. "¿Te uniste a una iglesia?... ¿En el receso?" Jesse asintió. "La iglesia de Stan." Creí que era alguna cosa que se habían inventado los chicos para entretenerse. "¿Qué es la iglesia de Stan?" Le pregunté. "Es la iglesia de Stan, Mamá." Jesse se rió como si hubiera hecho una pregunta obvia.
"¿Y qué es lo que hacen ahí?
Ya sabes, como miembros de esa iglesia" Le pregunté. "Muchas cosas. Hoy solamente hicimos la iniciación y escuchamos a Stan. Estaba hablando en palabras raras y divertidas, luego todos nos sentíamos cansados y nos acostamos un rato." Estacioné el auto junto a la casa. "¿Eso fue todo?" Le pregunté. Eso sonaba raro, pero los chicos no parecían estar haciendo nada malo. "Stan nos dio volantes también" Jesse sacó un pedazo de papel arrugado de su bolsillo. Tenía tres palabras escritas en marcador negro. Iglesia de Stan.
Al día siguiente, cuando fui a recoger a Jesse de la escuela, estaba convencida de que algo de verdad malo le estaba pasando a mi hijo. Estaba muy asustado y nervioso. "¿Qué te ocurre, cariño?" Pregunté, tocando su frente para sentir su temperatura. No tenía fiebre. "Jugamos al juego de las almas hoy" Dijo. Su cabeza estaba de lado. No se quedaba quieto en su asiento. Miraba a todos lados en el camino a casa. "¿El juego de las almas?" Le pregunté. Él sólo asintió con la cabeza, mirando a todos lados como si buscara algo. Una enorme cantidad de sudor corría por su cara. "¿Qué es el juego de las almas?" Pregunté. "Le dije que no quería hacerlo, pero él me dijo que dejaría de ser mi amigo si no jugaba con él."
"¿Cuándo fue eso? ¿Dónde estaban los profesores?" "Todo ocurrió en la iglesia," contestó. Luego dijo casi susurrando, "Los adultos no pueden entrar a la iglesia." "¿La iglesia de Stan?" Jesse asintió, con una lágrima deslizándose por su mejilla.
"¿Qué es el juego de las almas, Jesse? Soy tu madre. Si tienes algún problema sólo dímelo."
"No puedo decirte, mamá. No puedo. Las reglas son malas. Son muy malas" "¿Y si le pregunto a Stan?" Pregunté "¿Él me dirá las reglas?" "¡NO!" Gritó Jesse, dándome un verdadero susto. "NO LE
PREGUNTES A STAN LAS REGLAS. POR FAVOR, NO LO HAGAS, MAMÁ. POR FAVOR."
Estacioné el auto, asustada y confundida. "Promételo, mamá promételo, promételo, promételo, promételo, promételo, promételo por favor."
Jesse estaba balbuceando, estaba muy asustado. Lo agarré y comencé a sacudirlo, tratando de calmarlo. Se quedó dormido en mis brazos, así que lo llevé a su cama y lo acosté para dormirlo. Sólo necesita dormir. Me decía a mí misma. Lo único que necesita es dormir. Lo dejé en su cama y cené sola. Fui a verlo a su cuarto alrededor de las nueve antes de acostarme. Parecía estar profundamente
dormido. Me desperté inmediatamente al oírlo gritando 18 minutos pasadas las 12 de la noche. Corrí hacia su cuarto, pero no estaba en su cama. Encendí la luz y Jesse salió del closet en el que se escondía, corriendo, como si algo lo persiguiera. Se abrazó a mi pierna, seguía llorando. Traté de calmarlo e intenté preguntarle qué pasaba. Nada de esto tenía sentido. Seguía gritando sobre el juego de las almas. Intenté volverlo a acostar pero no hacía caso.
Finalmente, decidí llevarlo a la cama conmigo. Jesse se durmió inmediatamente. Yo me quedé acostada en mi lado de la cama mirándolo, acariciando su cabello, cuando de repente sus ojos se abrieron y me miró fijamente. "Le contaré las reglas del juego mañana después de clases, señora." Me
dijo. Luego volvió a cerrar los ojos. ¿Qué le estaba pasando a mi hijo? En la oscuridad, no podía hacer nada más que mirar el techo, moverme de lado a lado y mirar el baño. No pude dormir esa noche. ¿Sabes cuando estás apunto de dormirte pero a veces algo te despierta? A veces imaginas que te tropiezas y caes, y te obliga a despertarte. Eso me pasó por toda la noche, sólo que lo que me despertaba era una silueta que aparecía en la puerta del baño cada vez que se me cerraban los ojos. Pero cada vez que miraba atentamente no lograba ver nada. Cada vez que cerraba los ojos, la
figura aparecía de nuevo, obligándome a despertar, sólo que cada vez aparecía más cerca de mí. Esto siguió pasando toda la noche, hasta que se hizo la hora de llevar a Jesse al colegio.
Esta mañana Jesse se veía muy distante, como adormecido. Yo estaba igual, pero más exhausta. Pensé en preguntarle a Jesse sobre lo que ocurrió ayer. Pero temía que volviera a pasar lo mismo de ayer. Lo lleve de camino a la escuela. Él no decía nada, parecía un robot; sin vida ni emociones. Tiempo después de haberlo dejado en la escuela recibí una llamada, para que regresara a recogerlo. Había vomitado en clase. Cuando fui a recogerlo. Se le veía igual. Le pregunté varias cosas, pero sólo me rugía como respuesta. Iba a llevarlo al doctor después de que se cambiara de ropa. No dijo nada hasta que llegamos al estacionamiento . "¿Puede Stan venir hoy a casa?" me preguntó. "No te sientes bien, cariño. ¿De verdad quieres que venga hoy?" Le pregunté. Ya quería conocer a este chico, pero no parecía que Jesse quisiera tenerlo en casa. "Sí" Me respondió. "Okay, ¿Tienes el número de sus padres?" "Él ya le preguntó a sus padres, ellos dijeron que podía venir." "Pues todavía tenemos que esperar a que salga de clases. Y aún así quiero hablar con sus padres." "Okay." Jesse bajó del auto y caminamos a la entrada de la casa.
"¿Tienes su número?" Le pregunté, cerrando la puerta. "No" Me contestó. Le preguntaba cómo se suponía que hablaría con sus padres si no tengo su número y si no sé donde viven, pero alguien tocó la puerta. Yo estaba parada justo al lado de ella. Abrí la puerta, y parado en frente de ella estaba el chico pálido de ojos azules que casi atropello el otro día. Una chica muy parecida a él estaba a su
lado. "¿Sí?" Les pregunté. "Hola Driz, ¿Está Jesse en casa?" Dijo el chico. No sé como sabía ese apodo. No me llamaban así desde la universidad, cuando mis amigas me lo habían puesto en una noche de ebriedad, era corto para Drizzy. "No" Le respondí. "Está bien" Dijo la niña que lo acompañaba. "Mi nombre es Devin, y creo que ya conoces a mi hermano Stan." Stan sonrió y comenzó a hablar. "Las reglas del juego son muy simples. Regla uno: No pasar frente a espejos por la noche. Regla dos: No dejar ninguna puerta abierta cuando te vayas a acostar esta noche. Pregúntale a Jesse sobre la regla tres, y recuerda esto, un rechinido significa que estás haciendo algo mal, un crujido significa que estás a punto de perder.
Cuando las luces se apaguen de repente, con suerte no verás la silueta oscura observándote en una esquina de la habitación. Con suerte no sentirás su respiración en tu cuello mientras caes al suelo. Y si escuchas un golpeteo. Bueno, con suerte nunca escucharás un golpeteo." Stan se dio media vuelta y se fue con su hermana. Me les quedé viendo mientras se iban y agité mi cabeza. No iba a ser parte de su estúpido juego. Caminé a la cocina y me encontré con Jesse sentado en una silla a un lado de la mesa, llorando. "¿Qué ocurre, cariño?" Le pregunté. "Escuché un golpeteo" Me dijo entre sollozos. Mi boca estaba seca. "¿Cuándo termina el juego?" Le pregunté. "Nunca," Me susurró. "El juego nunca termina" Mi corazón estaba latiendo muy rápidamente. "Cuál es la regla número tres, Jesse?" Su cara perdió toda expresión y trató de reunir aliento para decirme la última regla "Regla tres. Una vez que sepas todas las reglas, ya eres un jugador." Mi corazón se detenía. "¿Qué ocurre cuando pierdes?"
"Cuando sea de noche, los oirás llegar. Les gusta hacerte saber que están cerca." "¿Quiénes?" "Stan y Devin" Dijo Jesse. "Vendrán de cualquier espejo o puerta abierta y te arrastrarán con ellos." "¿Cómo
ganas?" "Ganas si le cuentas a más personas las reglas del juego que la persona que te las contó a ti."
Como dije al principio, lo lamento. Pero gracias por ayudarme. Lo digo sinceramente. Ahora puedo disfrutar mi libertad de nuevo.
Espero que disfruten su noche. Nos veremos

El pueblo fantasma “Misnebalam”


En Mérida, Yucatán existe un misterioso pueblo llamado Misnebalam, en sus buenos tiempos llegó a ser habitado hasta por 170 personas y se dedicaban al cultivo de la planta Henequén, sin embargo en la actualidad el pueblo esta completamente abandonado, pues la gente cuenta que en Misnebalam espantan, pues a lo largo de su historia, espeluznantes muertes han marcado sus tierras.
Una de las más aterradoras leyendas del lugar comienza en 1910, con la historia de un niño llamado: “Juliancito”, era un hijo de un trabajador de la hacienda, una desolada noche mientras jugaba con su pelota de hilo rojo, fue atacado por un peón, quien lamentablemente abusó de el, Juliancito quedo destrozado y en su pena decidió dejar de sentir… Colgándose de un árbol.
Desde que Juliancito murió, el pueblo ya no volvió a ser el mismo, pues el inocente niño no logró irse a descansar e hizo del pueblo su hogar, al niño se le puede ver por los alrededores de la hacienda, aunque su lugar preferido es el de los columpios, generalmente uno de los juegos se mueve como si alguien se estuviera meciendo, independientemente que haya viento o no.
No solo este espíritu fue el que hizo marcharse a los habitantes de Misnebalam, ya que se dice que decenas de entidades paranormales habitan el tétrico lugar, como el monje negro que aparece en el techo de la iglesia y extiende sus brazos como si te diera la bienvenida al pueblo de los fantasmas, una mujer que lanza un grito estremecedor a las 3 de la madrugada, sombras que te miran desde las casas abandonadas, entre otros.
Luces de la hacienda, las casas y la iglesia se prenden autónomamente, voces y ruidos extraños que emanan desde la oscura soledad, esto y más te espera en Misnebalam, el pueblo donde el mundo de los muertos y los vivos esta unidos.

El caso de clarita




SEÑORA: Señor Carlos, ayúdeme ayúdeme, por favor, mi hijo, mi hijo me quiere matar. (VOZ ATERRORIZADA)


LOCUTOR: A ver, dígame señora, tranquila, qué pasa.


SEÑORA: Mi hijo desde hace 7 meses juega con la Ouija en la noche, no le tomé importancia, pero ahora dice en otro idioma palabras raras y dice de repente que quiere matarme y a sus hermanos, en ocasiones tiene una gran fuerza que no debería tener un joven de 13 años, ha intentado matar al perro con un cuchillo, y hoy y hoy (grito no por favor, no!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!)


LOCUTOR: Señora ¿qué pasa?, dígame señora, ¿¿¿¿¿¿sigue en línea, señora??????


SEÑORA: Ayúdenme, ayúdenme, por favor, mi hijo está levitando en su cama, dios mío está flotando, está flotando, ayúdenme, por favor, tiene los ojos en blanco, tiene una navaja, Dios qué quieres, deja a mi hijo, Dios, Señor Carlos, alguien ¡¡¡ayúdenme!!!


En la grabación en esos momentos se escuchan gritos, y llanto, se escuchan gritos de la señora y de repente se corta la llamada….